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Un paseo por el Valle del Jerte

Dicen que cada lugar tiene su encanto, algo especial y único que permite disfrutar de de la magia de un espacio. Extremadura está salpicada de rincones encantados. Pero sin duda muchos coincidirán en que uno de esos puntos es el Valle del Jerte. Este lugar permite disfrutar de una visita maravillosa que quedará marcada en el recuerdo del viajero.


Valle del Jerte. Fiesta del Cerezo en Flor

Uno de los acontecimientos más destacados, y con más repercusión mediática, relacionados con el Valle del Jerte es sin duda la floración de más de un millón de cerezos a finales del mes de marzo.

Durante un suspiro de tiempo, un par de semanas, el Valle del Jerte se tiñe de blanco cuando las flores de estos árboles surgen por doquier antes de ver nacer el fruto, la deliciosa picota del Jerte, que se recogerá hacia el mes de junio.

Esta explosión de color da pie a la celebración de la Fiesta del Cerezo en Flor que se celebra por esas fechas cada año y que recibe a miles de visitantes de todas partes.

Pero el Valle del Jerte y por extensión toda Extremadura, ofrece al visitante una variedad tan grande de matices y opciones para disfrutar que vale la pena la visita en cualquier temporada del año.

Nuestro paseo nos llevará a conocer este rincón extremeño siguiendo dos rutas: la primera en un interesante viaje alrededor de la sierra, la segunda transcurre paralela al río Jerte, afluente del Tajo. En cualquier  caso nos introducimos en uno de los espacios más singulares de la geografía de Extremadura.

RUTA POR LA SIERRA

Iniciamos este recorrido en la localidad de Valdestillas. Esta localidad se levanta como un magnífico mirador sobre el tramo medio de la cuenca del río Jerte. Asimismo un paseo por las calles permitirá al viajero disfrutar de una bella arquitectura caracterizada por los edificios en tonos rojizos propios del adobe y el ocre de la madera. Las balconadas corridas entre seis o más casas contiguas son realmente curiosas. 

Por último, la iglesia del siglo XVI dedicada a Santa María de Gracia posee en su interior dos retablos de cerámica talaverana.

Entre Valdastillas y Piornal podemos encontrar la cascada del Caozo

Valle del Jerte. Cascada del Caozo. Viajar por Extremadura

El siguiente punto de esta ruta lo encontramos en Piornal. Situado a caballo entre el Valle del Jerte y la Vera es el pueblo más alto de la región. Debe su nombre a la abundancia de piornos. Sin embargo, lo que hoy día confiere verdadera personalidad a esta población es el cerezo. Tanto es así que durante la floración, desde cualquier ángulo la panorámica de la que se puede disfrutar es idéntica a la que nos sugiere un paisaje nevado.

La localidad, de irregular urbanismo, es un ejemplo de la arquitectura serrana más depurada y representativa de la comarca del Jerte. El exterior de las viviendas es austero, acorde con las adversas condiciones del clima, con empleo de sillares de granito como refuerzos esquineros o recercos de vanos. Contrastando con la arquitectura popular destaca el Palacio del Obispo Pedro González de Acevedo, construcción de carácter señorial cuya fachada conserva pórtico de acceso así como el escudo episcopal.

En el aspecto religioso destaca la Iglesia de San Juan Bautista, edificio del siglo XV derribado en los años 60 para ser sustituido por otro más moderno. Del primitivo templo gótico sólo queda la torre campanario. Esta torre se eleva en dos cuerpos y puede encuadrarse en el siglo XIV. De la misma manera cabe destacar la ermita de Nuestra Señora de la Concepción, obra de mampostería y refuerzos de cantería, que data del siglo XVIII.

Un paseo por sus calles alegrará la vista del viajero con sus plazas con fuentes de piedra hechas de pilones rectangulares o pentagonales. De hecho, una de estas fuentes resalta por su peculiaridad, ya que en la misma se representan varios lobos, unos animales estrechamente vinculados al altiplano ganadero. Además, por algunas de sus calles se puede ver correr el agua que baja de las zonas más altas.

Paisajes del Valle del Jerte. Viajar por Extremadura

Nos acercamos ahora a la localidad de Barrado. Este núcleo nació vinculado a la ganadería a finales del medievo. Posteriormente su economía fue evolucionando hacia la producción agraria con explotaciones de castaños, cerezos y demás frutales de la zona. 

Barrado es uno de los pueblos más singulares del Valle del Jerte debido a su disposición urbana adaptada a la pendiente y a la conservación de su arquitectura popular. En sus calles se confunde el entramado de adobe y madera con los muros de mampostería, más propios del aspecto serrano. 

El edificio más sobresaliente es la iglesia parroquial, dedicada al santo mártir San Sebastián. Situada en la parte alta del pueblo, emerge notoriamente, merced al capitel piramidal en que remata su esbelta torre. El ingreso a la iglesia se realiza por tres puertas de la que la más destacada es la que se sitúa en la Epístola, con arco de medio punto, moldurado y pometeado como corresponde a su fábrica del siglo XVI. Asimismo resalta la cúpula de media naranja que data del siglo XVIII, al igual que su ajustado retablo mayor, que hace gala de una ornamentación bastante abigarrada, en la que se aprecia la mano barroquizante de los entalladores locales, los hermanos de La Inzeira Velasco, prolíficos retablistas que dejaron obras por las iglesias de las comarcas del Valle del Jerte y La Vera.

Los amantes de la naturaleza no pueden dejar de visitar el Roble Grande de la Solana. Aunque no puede ser considerado un árbol monumental dentro de su especie (Quercus pyrenaica) por sus dimensiones, su porte es de gran belleza, siendo además un árbol conocido y valorado. Tiene una altura total de 15 metros, y su perímetro de tronco a la altura de un metro y 30 centímetros es de 3,70 metros. 

Fue declarado árbol singular de la comunidad Autónoma de Extremadura y se puede acceder a él por una ruta de senderismo marcada o en coche por una pista forestal en muy buenas condiciones en el alto del puerto del Rabanillo. Tanto el roble como el paisaje que se recorre hasta llegar a sus pies es de una singular belleza.

El viajero deberá seguir este viaje para llegar hasta Cabrero. Este municipio nació a finales de la Edad Media como núcleo de pastores que aprovecharon las excelentes condiciones del lugar para la ganadería, extendiéndose en la ladera occidental de la sierra de Piornal. De hecho, el pueblo estuvo supeditado a Piornal durante siglos en calidad de simple barrio o anejo. Durante mucho tiempo sus vecinos han sufrido por carecer de término propio, algo que no han conseguido hasta la etapa contemporánea.

La aldea serrana constituye un laberinto urbano de callejones entrecruzados y en pendiente. Su arquitectura muestra las dos modalidades vallejerteñas, es decir, la montañesa en la que predominan los mampuestos, y la arquitectura entramada con sobresalientes solanas. El desarrollo urbanístico de los últimos decenios se extiende en todas direcciones alrededor del casco viejo, si bien es en la carretera donde se concentra.

Su monumento más característico es la parroquia de San Miguel, obra del siglo XVIII, rematada en el año 1758, edificado sobre los restos de un templo anterior del siglo XVI. De su exterior es interesante mencionar la espadaña, situada sobre el muro de los pies, y las dos portadas con dintel en el lado del Evangelio, con arco semicircular en la de los pies. De su contenido sobresale, entre otras tallas policromadas, la de su titular, obra del siglo XVIII.

Casas de Castañar es la siguiente parada de este viaje. La población está recostada sobre la falda de la Sierra de San Bernabé desplegándose por la vertiente meridional del Valle. Debe su origen a los secaderos y viviendas que los vecinos de Asperilla iban levantando en el extenso bosque de castaños que asilvestraba esa ladera de montaña. En su término municipal se encuentran los restos del Castro Celta de Villavieja y el despoblado medieval de Asperilla.

Quien hoy viaje por la carretera que lo cruza creerá que se trata de un pueblo sumamente modernizado, a juzgar por los edificios levantados en sus laterales. Sin embargo, tomando cualquiera de las vías descendentes, se penetra en un caserío antiguo, llamativo y pintoresco, de elevadísimas casas entramadas, con solanas en el último nivel para recibir mejor el sol que secaba los pimientos, los higos o los melocotones. 

El viajero también se sorprenderá con las fachadas enjalbegadas, con encalados reverberantes que llegan hasta las vigas de la planta primera. Al igual que en otras poblaciones serranas, su urbanismo adolece de falta de planificación, con vías sinuosas y estrechas, ensombrecidas por los altos edificios. Su arquitectura popular justifica sobradamente un tranquilo paseo, observando a detalle las viviendas y la vida que anima las calles.

A destacar en el aspecto monumental es la iglesia de San Juan Bautista. Obra del siglo XVI. El templo tiene una torre prismática en el exterior adosada al lado sur de la cabecera, con dos cuerpos y remate de tejadillo a cuatro vertientes. La puerta de acceso se encuentra también en el lado de la epístola, con sencillo arco de piedra de medio punto bajo tejaroz moderno.

Poco antes de terminar el recorrido conviene visitar la localidad de El Torno, también conocido como ‘El mirador del valle’ por las magníficas vistas que desde este pueblo se pueden contemplar de todo el Valle del Jerte. 

Vistas desde El Torno. Valle del Jerte. Viajar por Extremadura

El término de El Torno estuvo habitado desde tiempos prehistóricos tal y como prueban los utensilios de piedra tallada (hachas, puntas de lanza) dispersos por todo el territorio así como las tumbas antropomorfas halladas en algunas fincas fechadas en la Edad del Hierro. En esta época todos estos territorios dependían del castro de Los Riscos de Villavieja. La huella romana se deja ver por columnas que se han descubierto en la finca de Romanejo mientras que en los cerros de La Butrera y los Viñazos quedan restos de un tejar árabe.

Los bravos torniegos, al mando del alimañero Tío Picote, supieron resistir exitosamente a los franceses del mariscal Soult. Éste, en venganza por las continuas derrotas de sus dragones a manos de un puñado de inexpertos serranos, prendió fuego a la población, utilizando como teas el lino que se secaba en las solanas aquél trágico agosto de 1809.

El núcleo original cuenta con algunas calles muy interesantes, como la calle Portugal y la del Barrio del Castillo, con las casas entramadas con solanas. En la iglesia de la Virgen de la Piedad, de mediados del siglo XVI, llama la atención el retablo barroco. En la Sierra de El Torno, se pueden encontrar más de un centenar de "Chozas"; antiguas construcciones pastoriles enteramente de piedra.

Llegamos al final de esta ruta en Rebollar. Su nombre hace referencia a rebollo, esto es, monte de roble pequeño. La localidad está situada en una empinada ladera de la margen derecha del Valle del Jerte. El cerezo, como en otros municipios, es el principal exponente económico.

El municipio cuenta con un urbanismo característico de serranía, de callejones estrechísimos, tortuosos y repinados. Pese a esa caótica estructura urbana, Rebollar equivale a un pequeño museo vivo de arquitectura popular. Aleros y balcones casi se tocan y algunas de sus viviendas, las dos Casas del Canchal se alzan sobre impresionantes moles de granito, dando la impresión de casas colgantes. Las casas tienen prodigiosos huertos traseros donde crecen limoneros, naranjos, granados, parrales, lauros e higueras.

La Iglesia parroquial de Santa Catalina, humilde construcción del siglo XVII, ha sido recientemente reformada. Consta de una nave interior de dos tramos y cabecera, todo dividido por arcos de medio punto y cubierto a base de techumbre de madera a dos aguas. El templo alberga una píxide de plata de estilo gótico-renacentista, donada por el obispo Gutierre de Vargas y Carvajal, según consta en el escudo de la peana.

RUTA PARALELA AL RÍO JERTE

En esta segunda ruta comenzamos viaje en Navaconcejo para ir subiendo en dirección a Ávila hasta el Puerto de Tornavacas. 

Navaconcejo, esta villa ribereña del Jerte, está enclavada en medio de la cuenca. Empezó siendo un concejo medieval: Nava del Concejo. Durante el siglo XV acoge a los habitantes del poblado ‘Peñahorcada’, destruido por una crecida del río Jerte.

Su urbanismo original responde a la estructura de pueblo-calle, si bien en la actualidad la carretera actúa como la arteria más importante en cuanto a ubicación de las ofertas de diversión y residencia. La antigua calle Real, larga y paralela al río, se abre al norte con un bello crucero, y a lo largo de su recorrido nos encontramos con llamativos edificios entramados con solanas muy voladas y pletóricas de flores.

La Fábrica de Sayales es una construcción fechada en 1625 de gran interés, con arcadas clásicas en la trasera, y en la fachada principal, exhibe inscripciones en las tozas de los vanos. En la actualidad no queda nada de lo que fue la fábrica de sayales, el edificio se utiliza como Casa de Cultura. 

También destaca Nuestra Señora de la Asunción, la Iglesia Parroquial de Navaconcejo. Datada en su parte más antigua, cabecera y sacristía en la segunda mitad del siglo XVI, como testimonia el escudo del obispo Ponce de León en la sacristía. Esbelta y admirable se manifiesta la torre, alzada con sillares, que consta de tres cuerpos separados por abultadas molduras. El retablo mayor presenta las características barroquizantes de mediados del siglo XVIII.

En la localidad también se conservan dos ermitas barrocas: la del Cristo del Valle, realizada con mampuestos y refuerzos de cantería la Iglesia de San Jorge que alberga un retablo del XVII con tallas.

El entorno natural en la zona baja del Valle del Jerte es también muy bonito. Aunque las plantaciones de cerezos ocupan muchas zonas en las faldas de las sierras, el cauce del río Jertey muchas zonas a lo largo de sus orillas presentan una vegetación rica y variada.

Valle del Jerte. Paisajes. Viajar por Extremadura

Una de las poblaciones más destacadas en este recorrido es Cabezuela de Valle, cuyo casco histórico está declarado Conjunto Histórico-Artístico. La población está bañada por el río Jerte, por lo que en este punto se encuentran gran cantidad de piscinas naturales en las que se puede disfrutar de un baño.

El casco histórico de la población rompe la estructura lineal de las demás villas al presentar una forma urbanística triangular. Desarrolló verticalmente su urbanismo, desde un breve cerro en el que se fundó, en tiempos medievales, el primer núcleo poblacional La Aldea. Luego fue descendiendo por las laderas hasta detenerse en los altos bordes del Jerte, límite natural del caserío. Éste resulta muy pintoresco, con calles repinadas, vías laberínticas, callejones umbríos que evocan su diseño medieval de judería.

En su término municipal se encuentran los restos del despoblado de Vadillo. La calle principal está constituida por una vía paralela al río, dividida en tres tramos: calle del Puente, la Plaza y calle del Hondón, en cuyo extremo se levanta un artístico Crucero. En esta calle tienen asiento los edificios de mejor porte, bastante de ellos con fachadas de sillares, en las que se exhiben escudos nobiliarios, símbolos, anagramas y leyendas pías. 

La renovada Casa Consistorial tiene una hornacina en su balcón donde se hospeda el busto de un insigne cabezueleño, José María Muñoz, filántropo famoso en la anterior centuria. El Ayuntamiento se corona con esbelta espadaña relojera. Llaman la atención los amplios asoportalamientos que se desarrollan en uno de los laterales de la Plaza. Al resguardo de los profundos portales se celebran animados mercadillos cada viernes.

La iglesia de San Miguel Arcángel se encuentra asentada sobre el solar de la que fuera sinagoga de los hebreos, donada por merced regia al concejo cabezueleño en 1494. Posee una sola nave dividida a su vez en cuatro tramos. Su aspecto robusto está reforzado por cinco contrafuertes al exterior que, en el interior, se corresponden con arcos fajones. Con coro a los pies y un precioso retablo barroco en la cabecera completamente dorado, que posee una gran calidad artística, y se debe al entallador castellano Juan de Arenas, realizado entre los años 1681-1683. Los dos accesos son bastantes sobrios, sin apenas decoración. La torre de campanas adosada a la construcción es más antigua que el resto de la obra.

Otras construcciones religiosas son las ermitas, todas pertenecientes al período barroco (siglo XVIII). La más importante, tanto por su riqueza artística como por la devoción de las gentes de Cabezuela, es la de su patrona: La Virgen de Peñas Albas. Destaca en esta ermita el retablo, las pinturas de la bóveda y la propia imagen de la Virgen. La arquitectura exterior es bastante sobria. 

Finalmente, en Cabezuela del Valle se puede visitar el Museo de la Cereza y el Centro de Interpretación sobre el Agua.

Jerte está situado en el curso del valle. Se trata de un núcleo de innegable atractivo paisajístico plagado de huertos, prados y cerezos que pueblan los bancales de las escarpadas laderas de las sierras de Tormantos y Candelario ascendiendo a ambos lados de su caserío.

La localidad se organiza urbanísticamente mediante dos largas calles, Coronel Golfín y la carretera, que evidencian un recorrido longitudinal en torno al viejo camino que remonta el valle. En sus calles se puede ver una arquitectura popular entramada que aún puede admirarse entre sus callejas. 

Casas blasonadas con paramentos de cantería en el Barrio de los Bueyes, que sobrevivió al saqueo perpetrado durante la Guerra de la Independencia, 1809, por las tropas francesas del general Soult. En la calle Ramón Cepeda se ven edificios notables, de nobles sillares, arco de medio punto y escudo con orla, cuando no algún que otro dintel donde está inscrita la fecha de construcción, en el siglo XVIII.

La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es el monumento más representativo. Edificio de mampostería con refuerzos de sillería en esquinas y soportales. La mayor parte de su fábrica corresponde al siglo XVIII, aunque cuenta con elementos anteriores a esa fecha. A unos pocos metros se alza la torre, de aires defensivos, otra medieval como sugiere su arco apuntado. Adosada al muro de la torre, vierte los caños una fuente pública con un ancho pilón en el que abrevan las caballerías.

Es interesante resaltar la situación de la ermita consagrada al Cristo del Amparo. Edificio popular del siglo XVIII, realizado con aparejo de mampuesto y sillares esquineros.

También se puede visitar en Jerte un Centro de Reproducción de Salmónidos y el Centro de Interpretación sobre la fauna y flora de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos.

Valle del Jerte. Garganta de los Infiernos

A punto de finalizar este trayecto llegamos a Tornavacas, justo en el límite de las provincias de Cáceres y Ávila. 

La población participa en la Reconquista durante la Batalla de la Vega del Escobar del siglo X, donde adquiere su nombre y el escudo de armas. Tornavacas se refiere a ‘tornan las vacas’, expresión de Ramiro II. Muchos de estros animales, con teas encendidas en los cuernos, fueron lanzados de noche contra el ejército moro, provocando una gran confusión y siendo causa de su derrota.

Encajonada entre sierras, en la cabecera del Valle del Jerte, Tornavacas ha estado históricamente muy marcada por su condición fronteriza con Castilla, tierra con la que ha mantenido frecuentes lazos comerciales que perduran en la actualidad. Es el obligado paso para la ganadería trashumante de la limítrofe provincia de Ávila, por eso se ha abierto en esta localidad un Centro de Interpretación sobre la Trashumancia que hace homenaje a esta actividad llevada a cabo durante muchas décadas.

La localidad se ubica entre los impresionantes macizos de Gredos y la Sierra de Béjar. El término municipal acusa grandes accidentes en el terreno debido a las abruptas pendientes que se elevan a ambos lados del río Jerte, que alcanzan los 2.400 metros de altitud en los montes del Calvitero.

Puerto de Tornavacas. Vista del Valle del Jerte

Su larga calle principal se divide en tres tramos: Real de Arriba, Real de Enmedio y Real de Abajo, unidos por dos puentes; el Puente Cimero (medieval) y la Puentecilla, con un templete dieciochesco. En la arquitectura popular predominan las viviendas entramadas, si bien menudean los edificios levantados enteramente con piedras. Son casas altas y profundas, con balcones de escaso vuelo y solanas. El gusto por las flores ornamentales se evidencia en la abundancia de tiestos que copan los barrotes de galerías y antepechos.

La iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción es de estilo Barroco. Alberga retablos de los siglos XVII y XVII. Destaca el mayor, de finales del XVII. Lienzos y tallas barrocas, especialmente la magnífica imagen anónima del Santísimo Cristo del Perdón, de gran devoción en el Valle, entronizada en 1645. Tornavacas conserva un número importante de ermitas, consagradas al Santo Cristo del Humilladero, Santa María Magdalena, los Mártires, Santa Bárbara y San Martín.


Alojamiento del día
Apartamentos El Puente - Turnat
Tornavacas
Valle del Jerte/Cáceres
Habitación
Habitación Habitación Cocina-comedor
El apartamente El Cerezo está compuesto por un salón comedor abuhardillado, con sofá cama de 1,05m; cocina y un dormitorio con cuarto de baño en el interior del mismo. El dormitorio tiene cama de 1,35m y sofá cama de 0,90m que puede ser utilizado como supletoria. La cocina está completamente equipada con frigorífico, placa vitrocerámica, microondas, tostador y menaje suficiente para la elaboración de alimentos (vajilla, cubertería, cafetera, batería de cocina). Tiene capacidad para 2 o 3 personas.

El apartamento La Covacha está compuesto por salón-comedor; cocina y cuatro dormitorios con cuarto de baño en el interior de cada uno de ellos. Tiene aire acondicionado y calefacción. La cocina está completamente equipada con frigorífico, placa vitrocerámica, microondas, tostadora y menaje suficiente para la elaboración de alimentos (vajilla, cubertería, cafetería, batería de cocina). Tiene capacidad de 2 a 8 personas.

En total hay capacidad para 11 personas.

En los alrededores puede practicar cualquier tipo de deporte de aventura.